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Hasta hace pocos años, se atribuía un rol protagónico a los genes, de manera que nos colocábamos en un rol pasivo, observando los cambios del devenir cronológico, atribuibles simplemente como “herencia familiar”.

Ahora sabemos que los genes son responsables solo de un 5-25%, y que el 75-95% depende de nuestra gestión habitual. Es más, nuestra gestión habitual influye fuertemente sobre la capacidad de nuestros genes a expresar su programación original. En ello tienen gran influencia la nutrición , la actividad física y el control del estrés.

No se conoce ningún gen que programe el “deterioro cronológico o envejecimiento” como tal . El envejecimiento es el fruto de la aparición de desequilibrios en el funcionamiento de nuestro organismo, en particular por disrupciones en la fluidez de la comunicación celular, lo que genera falta de reacción o reacción equivocada frente al desgaste normal de la vida cotidiana.

Está claro que podemos realmente influir sobre nuestro destino.
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• Contar con una buena carga genética es condición necesaria pero no suficiente para ser sano y joven.
• La arquitectura de los genes es compleja y variable : podemos tener genes buenos o malos, que se expresan o no (es decir que están “desnudos” o “tapados”), y no son estáticos: se modifican según el medio ambiente celular que le damos desde nuestras conductas ”.
• Un gen que codifica para un desequilibrio o enfermedad, puede permanecer latente, sin expresarse, durante toda la vida. Un gen “bueno” puede silenciarse desde un medio ambiente adverso.
• Cada célula tiene una capacidad genéticamente limitada de divisiones celulares (en cada división, una célula madre dará dos células hijas), y un período específico y acotado de vida , luego del cual, es reemplazada por células nuevas. Solo las células cancerosas desconocen estos dos límites naturales.
• Lo que podemos modificar sin riesgo alguno, es la “capacidad funcional” de cada nueva célula hija, controlando la calidad del ambiente celular de su célula madre. Para visualizarlo rápidamente, comparemos el cuerpo atlético de un adulto mayor que se ejercita diariamente con un hombre muy joven y sedentario, o la lozanía de la piel bien cuidada con la piel deshidratada de un niño desnutrido.
El microambiente celular en el que se comunican nuestras células, es modificable según la calidad y cantidad de nutrientes que les demos desde nuestros hábitos.
• En una síntesis apretada de los nutrientes vitales para sostener la juvencia, según su naturaleza química, consideraremos:
1) el agua, principal componente de nuestros tejidos,
2) los hidratos de carbono como principal fuente de energía o combustible celular,
3) las proteínas- compuestas por aminoácidos encadenados - como principal componente estructural de toda célula y matriz extracelular, y base fundamental de la mayoría de los instrumentos de comunicación celular, cumpliendo la función de enzimas, vitaminas, hormonas, moléculas de transporte, anticuerpos , factores de coagulación, entre otros.
4) los lípidos como componente fundamental de todas las membranas celulares, del tejido nervioso, y de las barreras de protección como la piel y membranas meníngeas (sistema nervioso), así como estructura base de las hormonas sexuales femeninas y masculinas – que se sintetiza a partir de la molécula de colesterol –, algunas vitaminas, y también como reservorio de energía para la vida celular cuando se agotan los hidratos de carbono.
5) Oligoelementos minerales: nutrientes vitales que deben estar presentes en pequeña proporción: hierro, calcio magnesio, manganeso, cobre, selenio, cinc, etc.
• Hay nutrientes esenciales - aminoácidos esenciales, vitaminas y provitaminas, oligoelementos - que se deben incorporar diariamente, porque el organismo no está capacitado para sintetizarlos.
• Hay nutrientes que no son esenciales, es decir nuestro organismo puede sintetizarlos - aminoácidos no esenciales, glucosa y ATP como fuente de energía -, pero para ello necesita tener células competentes y bien nutridas que puedan afrontar el gasto de energía que implique el proceso.
• Hay un repertorio de enzimas necesarias para internalizar dichos nutrientes esenciales, a través de la degradación (o digestión) de los alimentos en componentes asimilables (es decir, que se puedan absorber en el torrente sanguíneo).
• Con el devenir cronológico puede disminuir su eficiencia, necesitando su incorporación exógena.
• Los procesos de industrialización, algunas formas domésticas de procesamiento y conservación de los alimentos, afectan el tenor y calidad de algunos nutrientes esenciales.
• Un exceso de nutrientes puede generar tantos desequilibrios como su déficit.
El alimento adecuado, en tiempo y forma, puede resultar un medicamento eficaz para recuperar y prolongar la juventud.
• Una alimentación inadecuada puede exacerbar los procesos de oxidación que conllevan a un proceso de envejecimiento acelerado.
El ejercicio aeróbico mejora la calidad de vida, favorece la salud cardiovascular, neuronal, ósea, libera hormonas anti-age, combate el estres y mejora la libido.
• El ejercicio aeróbico favorece la salud cardiovascular, alejando el riesgo inflamatorio vascular generalizado, como la ateroesclerosis y afecciones cardíacas.
• El ejercicio aeróbico permite mantener un cerebro joven, creativo y alerta, con plasticidad neuronal, a través de la producción de un factor neurotrófico específico, el BDNF , que debemos reponer diariamente. Las personas genéticamente predispuestas, alejan así la manifestación de Demencia Senil o Alzheimer, a través del ejercicio físico frecuente.
• El ejercicio anaeróbico o de resistencia, propicia la liberación fisiológica de hormonas anti-age como la GH, ayuda a formar una masa muscular compacta y favorece la renovación de la arquitectura de los huesos, alejándonos de la osteoporosis y fracturas. Consecuentemente, las articulaciones también estarán protegidas de lesiones.
• Los ejercicios de elongación protegen las articulaciones, tanto en su matriz celular (condrocitos) como en la calidad y cantidad de mucopolisacáridos, (fluido sinovial) necesarios para la elasticidad y juventud del tejido articular, alejándonos de inflamaciones de tipo artrósico o degenerativos.
• El ejercicio de respiración profunda favorece la vascularización e irrigación de los tejidos periféricos, mejorando la calidad de piel y el contorno corporal por la mayor tonicidad muscular.
• Las disciplinas orientales como el yoga, la concentración relajada y la respiración profunda, favorecen la liberación de GABA, un neurotransmisor anti-estrés natural por excelencia.
• El ejercicio en general favorece la liberación de endorfinas, moléculas antidepresivas naturales que nos predisponen hacia el buen humor y favorecen el deseo y potencial sexual.
• El ejercicio físico fortalece el sistema inmunológico, a través de la liberación de interleuquinas de acción anti-inflamatoria de tipo IL-10 e IL-4, lo que nos aleja de enfermedades de tipo inflamatorio-crónicas.
Sin embargo, el exceso de ejercicio puede resultar tan perjudicial como su carencia, llevando al organismo a un estado de hiperoxidación que favorece los procesos de envejecimiento.
Nuestro organismo está preparado para dar respuesta inmediata frente a situaciones de peligro, poniendo en marcha un complejo mecanismo psico-neuro-inmuno-endócrinológico (eje PNIE) que desencadena una cascada de mensajes celulares específicos entre diferentes tejidos, delineando un circuito entre el Hipotálamo (Sistema Nervioso Central), la Hipófisis (glándula situada en la base del cráneo), y las Adrenales (glándula situada por encima de los riñones) en el que se liberan factores liberadores de hormonas, como el CRH y hormonas, en la que juega un rol fundamental el cortisol, y neurotransmisores como la adrenalina. Cuando la respuesta del eje PNIE es adecuada en intensidad y duración, se resuelve la situación, adaptándonos al cambio que nos exige el entorno.

Cuando el desencadenante o estresor es sostenido en el tiempo, o cuando el eje PNIE no responde adecuadamente, estaremos frente a unas situación de estrés crónico o distrés, el que resulta disruptivo o desadaptativo, y agotará nuestras reservas biológicas, acelerando los procesos de envejecimiento y aumentando la vulnerabilidad hacia todo tipo de enfermedades (infarto agudo de miocardio, sindrome metabólico, depresión mayor).

Por este motivo, es imprescindible controlar el estrés para mantener joven la maquinaria celular, induciendo la liberación de neurotransmisores anti-estrés.
El cerebro desencadena una serie de respuestas frente a situaciones de emergencia.
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