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El estrés es un increíble mecanismo de adaptación que nos permite enfrentar situaciones de emergencia, usando la capacidad de reacción inmediata de nuestro cuerpo. Frente a una emergencia – real o imaginaria – un complejo sistema en cascada de neurotransmisores y hormonas se liberan en respuesta al estrés, resultando en un alerta mental y físico que nos permite resolver la situación. Esto es bueno.
Una vez pasada la emergencia, otro mecanismo ordena la necesidad de volver a la normalidad para reponer el desgaste producido. El estrés crónico resulta de la incapacidad de volver al sistema celular a su estado normal de funcionamiento. Esto genera un desgaste permanente y un envejecimiento precoz. Los neurotransmisores y las hormonas están en estado de distrés. Esto es malo.
Por este motivo, es imprescindible controlar el estrés para mantener joven la maquinaria celular, induciendo la liberación de neurotransmisores anti-estrés, como el GABA, o los opioides, que pueden frenar gradualmente el descontrol del estrés, a través de conductas sencillas que nos permitan volver al equilibrio del eje PNIE.
El Harmonía Age Reversal Program, además de volver a poner en funcionamiento su maquinaría celular gracias a la reactivación biomolecular, ofrece técnicas de control de estrés que podrá usar en los momentos adecuados. |
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| Nuestro organismo está preparado para dar respuesta inmediata frente a situaciones de peligro, poniendo en marcha un complejo mecanismo psico-neuro-inmuno-endócrinológico (eje PNIE) que desencadena una cascada de mensajes celulares específicos entre diferentes tejidos, delineando un circuito entre: |
| • el Hipotálamo (Sistema Nervioso Central). |
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| • la Hipófisis (glándula situada en la base del cráneo). |
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| • las Adrenales (glándula situada por encima de los riñones). |
Así, cuando nuestro cerebro registra el evento - específicamente a nivel de hipotálamo - se libera, entre otras, una hormona llamada CRH , que impactará sobre una glándula que se encuentra en la base del cráneo llamada hipófisis o pituitaria, la que responderá liberando otras hormonas, entre ellas la ACTH , que ejercerá su efecto sobre las glándulas adrenales, para liberar, entre otras, una hormona: el cortisol.
Esa cascada puede iniciarse por acción de neurotransmisores como la adrenalina , la noradrenalina y la serotonina que, producidas por otros centros del sistema nervioso, impactarán sobre el hipotálamo. De esta manera, nuestro cuerpo se prepara para enfrentar y resolver con éxito los causantes del estrés. Nos transformamos en “super-heroes” por algunos instantes.
Una vez alcanzado el nivel adecuado de cortisol que necesita el organismo para resolver la emergencia, éste mismo contrarregulará la producción de CRH (o sea, un nivel alto de cortisol ejercerá un efecto “anti-estrés”).
Como mecanismo adicional, otros neurotransmisores como el GABA y los opiáceos también inhibirán la liberación de CRH, pero básicamente, en un cuerpo sano y joven, el funcionamiento equilibrado de esta cascada retroalimentará el circuito en más o en menos, según corresponda, y en poco tiempo nuestro cuerpo volverá a su estado normal.
De igual forma, hay otras “respuestas en cascada” que impactarán sobre las testículos y ovarios (tanto en relación al deseo sexual como a la capacidad reproductiva), el sistema inmunológico (tanto en relación a las inmunodepresiones como a las hiperreactividades de las alergias), el equilibrio hidroelectrolítico (tanto a la pérdida de líquidos como a su retención), el metabolismo en general, el manejo de tejido adiposo y hasta las conductas alimentarias (tanto en la obesidad como en la anorexia). |
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| Cuando el desencadenante o estresor es sostenido en el tiempo, o cuando el eje PNIE no responde adecuadamente, estaremos frente a una situación de estrés crónico o distrés, el que resulta disruptivo o desadaptativo, con graves consecuencias para el organismo: |
| • agotará nuestras reservas biológicas. |
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| • acelerará los procesos de envejecimiento. |
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| • aumentará la vulnerabilidad hacia todo tipo de enfermedades (infarto agudo de miocardio, sindrome metabólico, depresión mayor, etc.). |
| El funcionamiento en menos del eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal se observa en: |
| • Depresión Atípica. |
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| • Artritis Reumatoidea. |
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| • Sindrome de Fatiga Crónica. |
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| • Pos-estrés crónico. |
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| • Sindrome de Estrés Pos- traumático. |
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| • Posparto. |
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| • Depresión en el Climaterio. |
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| • Hipotiroidismo. |
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| • Insuficiencia Adrenal. |
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| • Suspensión brusca de corticoterapia. |
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| • Fibromialgia. |
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| • Síndrome de Abstinencia a la Nicotina. |
| El funcionamiento en exceso del eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal se observa en: |
| • Estrés Crónico. |
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| • Depresión Melancólica. |
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| • Diabetes Mellitus. |
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| • Enfermedad Gastrointestinal Funcional. |
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| • Trastorno de Angustia. |
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| • Anorexia Nerviosa. |
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| • Desnutrición. |
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| • Trastorno obsesivo-Compulsivo. |
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| • Último Trimestre de Embarazo. |
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| • Alcoholismo Crónico. |
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| • Hipertiroidismo. |
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| • Síndrome de Cushing. |
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| • Síndrome de Abstinencia al Alcohol y/o Narcóticos. |
| Nuestro organismo estará funcionando en situación de emergencia todo el tiempo y no está preparado para ello. El desgaste que produce esta situación es fenomenal. Así como en un reloj cuya precisión y exactitud depende de la integridad de cada uno de sus engranajes, en nuestro organismo la llave de la juvencia y salud óptima está en el equilibrio “armónico” de los complejos sistemas que nos caracterizan. |
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Cuando uno decide enfrentar una situación de estrés, en lo primero que piensa es en distenderse, en descansar. Unas buenas vacaciones nunca están de más. Sin embargo, la idea de una playa lejana termina jugándonos en contra, tiene algo de escapismo, porque sabemos que a la vuelta estarán esperándonos los mismos problemas que nos agobiaban cuando nos fuimos.
La solución que proponemos es la relajación, queda mucho más cerca, tan cerca como nuestro propio cuerpo. Se trata de encarar el día a día de una manera a la que no estábamos acostumbrados: respirar bien, unido a ejercicios como las asanas del yoga o las posiciones del Chi Kung, de origen chino.
Todos recordamos el mayor o menor esfuerzo que nos llevó aprender a nadar, o a mantener el equilibrio con la bicicleta; podemos rastrear, gracias a relatos familiares, en qué mes y cómo nos lanzamos a caminar, pero hay algo que no sabremos: cómo aprendimos a respirar. Claro que existieron la famosa palmada en la espalda del obstetra, el llanto esperado, y una bocanada de aire, y lo que sigue, inhalar y exhalar, así hasta ahora.
Aquella fue nuestra primera experiencia del mundo, y desde entonces respirar continúa siendo una especie de modelo o metáfora de nuestro intercambio con el otro y con el medio.
La verdad es que no aprendimos a respirar. En pocas palabras: tendemos a respirar corto, superficialmente, el aire entra por la boca, se retiene en la parte superior de los pulmones y sale casi inmediatamente. Mientras tanto el corazón, tan obediente como todo el cuerpo en general a nuestro modo de sentir y pensar, sigue el ritmo que se le impone, así que también él late corto, se agita, y si alguna situación nos apremia, se agita más.
Deepak Chopra lo explica mejor: “El factor menos comprendido de nuestra cultura es la respiración equilibrada, que en la India se considera lo más importante. La palabra respiración significa más que el acto físico de introducir aire en los pulmones y volverlo a exhalar. Todo cambio de estado mental se refleja en la respiración y luego en el cuerpo. Los cambios de sentimientos se registran inmediatamente en el ritmo respiratorio. El enojo produce aspiraciones superficiales y exhalaciones fuertes, jadeantes. El miedo crea una respiración rápida, superficial y dificultosa. El pesar, una respiración espasmódica, entrecortada, como la que se produce cuando sollozamos”.
El estrés activa la liberación exagerada de moléculas asociadas al envejecimiento, la que muchas veces resulta difícil de frenar o controlar. Sin embargo, existe una técnica mente-cuerpo que puede liberarnos de las tensiones recordadas que originan nuevas tensiones: la relajación.
Las posturas de yoga (asanas), los ejercicios respiratorios (pranayama) y los movimientos de chi-kung, contribuyen al óptimo funcionamiento físico, con repercusión en lo psíquico. Las asanas estiran y tonifican los músculos, ejercitando la columna y toda la estructura ósea, pero confieren además mayor vitalidad a los órganos internos, a las glándulas y al sistema nervioso.
Se trata de una forma de ejercicio rejuvenecedora. Libera la tensión física y mental, a la vez que fomenta una mayor conciencia de nuestro cuerpo y de la propia postura. Según el prestigioso biólogo Jonas Salk, por un lado calma la agitación de las capas superficiales del cerebro, las neuronas corticales que controlan la conciencia del yo, al mismo tiempo que refuerza las zonas profundas y más primitivas donde se desarrolla el instinto.
Por supuesto que algunas posturas pueden resultarnos más complicadas que otras, por eso prima el respeto hacia el propio cuerpo y sus posibilidades, ya que no se compite contra nadie ni se lucha contra uno mismo. De hecho, cada uno tiene una serie básica personal de ejercicios, atendiendo a sus potencialidades, carencias y necesidades. La mayoría se sorprende de lo que fue capaz de conseguir en un período de tiempo relativamente corto. Es porque esta vez se trató sencillamente de la práctica de una respiración calmada y profunda, experiencia del cuerpo en distintas posturas, vivencia en relajación del aquí y ahora. |
Fuentes:
Deepak Chopra: Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo, Javier Vergara, 1994.
Taisen Deshimaru: La práctica del Zen, Editorial Kairós, 1979.
Michio Kushi: El camino de la curación natural, Chakra Publicaciones, 1980.
Yves Réquéna: Chi Kung, La gimnasia de la eterna juventud, Editions de la Maisnie, 1995. |
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